Tus pelos canos me regalan ternura,
las huellas en tu piel me dice que el tiempo es cruel.
Adivinando tu juventud me encuentro tu belleza exultante y llena de virtud,
en tus ojos veo cansancio,
en tu caminar puedo notar que no te rindes jamás,
y tu forma de hablar me hace desear que quiero ser como tú cuando tenga tu edad,
tus silencios me hacen reflexionar que tus dolores, tus achaques son de verdad,
te escucho silenciosa, te escucho pasmada porque tu mentalidad esta actualizada aunque a veces te escandalices por nada y otras veces me dejas boquiabierta por la chispa que refleja tu mirada.
Entonces, yo suelto una risotada ocultando que echaré de menos tu paciencia, tus silencios, tus pelos canos despeinados por el viento y volveré a sentirme sola teniendo alrededor muchas gallinas ponedoras.
Los tres gritamos: Te echaré de menos.
Si por la noche lloras por no ver el sol, las lágrimas te impedirán ver las estrellas. Rabindranath Tagore
17/4/09
16/4/09
Trasnochada.
Un día te vi,
un día te vi sin verte,
te sentí sin sentirte,
te toqué sin tocarte,
un día te vi.
Aquel día
aquel día me odié,
me desperté,
me descubrí,
me enloquecí,
aquel día.
Pasado ese día,
pasado ese día me entristecí,
me deprimí,
me flagelé y luego me dormí,
pasado ese día.
Meses después de ese día,
meses después de ese día aún te recuerdo,
aún te busco,
aún te olvido,
meses después de ese día.
Cuando transcurran los años,
cuando transcurran los años no habrá recuerdos,
no habrá que frenar mis manos,
no habrá música que haga estragos,
cuando transcurran los años.
un día te vi sin verte,
te sentí sin sentirte,
te toqué sin tocarte,
un día te vi.
Aquel día
aquel día me odié,
me desperté,
me descubrí,
me enloquecí,
aquel día.
Pasado ese día,
pasado ese día me entristecí,
me deprimí,
me flagelé y luego me dormí,
pasado ese día.
Meses después de ese día,
meses después de ese día aún te recuerdo,
aún te busco,
aún te olvido,
meses después de ese día.
Cuando transcurran los años,
cuando transcurran los años no habrá recuerdos,
no habrá que frenar mis manos,
no habrá música que haga estragos,
cuando transcurran los años.
5/4/09
Superior a mi imbecilidad
Globos de colores volaban por el cielo azul venteado en compañía del sol,
mi globo,
aquel globo morado volaba solitario con un regalo escondido que llevaba dentro,
yo paseaba mirando el suelo aunque llegué a atinar en mirar el cielo viendo volar aquel globo morado que de contento se esfumó por el inmenso cielo,
no me dio tiempo ni a decirle adiós,
no me dejó ni tan siquiera decirle que no me sorprendió,
con esa majestuosidad, con esos aires de superioridad, con esa belleza desbordada,
qué lástima, sólo me provocó un sollozo que cesó dejando el recuerdo de que existió,
mi globo,
aquel globo morado que se llevó su regalo dentro.
mi globo,
aquel globo morado volaba solitario con un regalo escondido que llevaba dentro,
yo paseaba mirando el suelo aunque llegué a atinar en mirar el cielo viendo volar aquel globo morado que de contento se esfumó por el inmenso cielo,
no me dio tiempo ni a decirle adiós,
no me dejó ni tan siquiera decirle que no me sorprendió,
con esa majestuosidad, con esos aires de superioridad, con esa belleza desbordada,
qué lástima, sólo me provocó un sollozo que cesó dejando el recuerdo de que existió,
mi globo,
aquel globo morado que se llevó su regalo dentro.
1/4/09
Posturas adaptables.
En un laberinto me hayo, un laberinto sin salida y grisáceo,
tanteo el camino lleno de piedras rocosas que caen desde el cielo mitigando así el deseo de seguir jugando,
huyendo como siempre inspecciono la zona con curiosidad curiosa,
me voy desplazando muy despacio porque es de noche y tengo frío en los pies, en las manos y en mi nariz de payaso. Deslizo mis pies, tanteo con mis manos,
sigo sin encontrar la salida pero los niños despreocupados aún siguen jugando.
Osada en mis intentos fallidos por encontrar la salida me detengo porque estoy perdida, estoy cansada, destruida, resignada a vivir en este laberinto de juegos eternos que nos regala la vida.
tanteo el camino lleno de piedras rocosas que caen desde el cielo mitigando así el deseo de seguir jugando,
huyendo como siempre inspecciono la zona con curiosidad curiosa,
me voy desplazando muy despacio porque es de noche y tengo frío en los pies, en las manos y en mi nariz de payaso. Deslizo mis pies, tanteo con mis manos,
sigo sin encontrar la salida pero los niños despreocupados aún siguen jugando.
Osada en mis intentos fallidos por encontrar la salida me detengo porque estoy perdida, estoy cansada, destruida, resignada a vivir en este laberinto de juegos eternos que nos regala la vida.
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