Si por la noche lloras por no ver el sol, las lágrimas te impedirán ver las estrellas. Rabindranath Tagore
8/7/08
Aprendiz de pintor
Pintando paredes, una tarde esclava, con pensamientos disipados, apenas recuerdo que existas, mientras busco el color de mis paredes y mi techo, eres un elemento espectral, el tiempo pasa de lo más animado y divertido, lo contrario que contigo, mientras cojo un cubo de pintura blanco inmaculado, vierto gotitas uniformes de sangre pura, que al caer forman circulitos rojos, estoy estupefacta viendo esa maravilla de mezcla y separación, me fascina ver como se desliza a los lados dejando lo blanco en el centro, si te fijas bien, verás como se forman pajaritos picudos con largas colas y patitas palmeadas, pero una mano decide sumergir un trozo de madera alargada, lo sumerge hasta el fondo sin piedad, los colores y aquel pajarito se esconden en un rinconcito inaccesible de aquel enorme cubo, pero aquel devastador objeto no cesa en su empeño de hallarlo, hace círculos y rayas de forma automática, logra mezclar todo en un éxtasis de colores sangrientos, después de tantas vueltas y vueltas, el objeto y las formas de algo inexistente, que solo yo puedo ver, ese pájaro, esas líneas, al final todo está envuelto, todo está preparado, listo para plasmar algo que solo mi mente y mi habilidad podrán crear, primero, de arriba hacia abajo, muy despacio, con movimientos acompasados, le pongo pasión, mis pensamientos fluyen sin poder contenerlo, estoy en éxtasis mental y creativo, mi cuerpo sigue a la brocha, las paredes ya están listas por sus cuatro lados, me queda el techo que será blanco en combinación del rojo sangre, comienzo a estar cansada, mis piernas no resisten, mis brazos más de lo mismo, solo queda un trocito para terminar, cargue demasiado aquel mini rodillo, es lo último que queda, dos rodillazos y todo se acaba, lo cargué por demás, en un vaivén de mi brazo derecho, me salpica toda la cara, el pelo, la boca y la ropa, ahora cuando miro cualquier sitio siempre recuerdo esos instantes en que mi brocha, la mano, mis figuras imaginarias, y nuestro movimiento sincronizado, hacían alarde de energía y pasión.
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