9/7/08

Pobre indigente.

Sentada en el borde de un bordillo de una plaza muy transitada, está triste y desmotivada, él la observa desde su terraza, la mira compasivo y ella lo observa suplicante con ojos llorosos, le suplica que baje y la consuele, aquel individuo decide no hacerle caso, aquella mujer agacha la cabeza y se pone a contar colillas, los minutos pasaban muy entretenida por su nueva afición adquirida en su hecatombe mental, hasta que una mano extendida con algo que destelló sus ojos despegados de las colillas y de la acera, allí estaba él, con un bocadillo envuelto en papel de plata, le dijo, "Toma, cómetelo y vete, vete muy lejos donde no te pueda ver, vete ya por favor", la pobre chica cogió su bocadillo de salami con parsimonia ceremoniosa quito la envoltura de papel aluminio, mientras lo miraba triste y decepcionada, él espero ahí a su lado, mirándola, preguntándole, porqué viniste, porqué, yo no quería que vengas, nunca quise que vengas, además eres tremendamente fea y muy pequeña. El bocadillo iba por la mitad, ella dando mordiscos regados con lágrimas amargas lo miraba con una mezcla de odio y repulsión, después de preguntas nunca contestadas y miradas que matan, ella cogió los restos de aquel amargo bocadillo y el papel plata que yacía en el suelo todo arrugado y convertido en bolita, lo miró por última vez, busco la papelera que estaba estratégicamente cerca y allí fueron a parar los restos de algo que nunca debió pasar, de hecho nunca paso.

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