Mañana fría y triste, la pereza se encalla en mí y por eso tengo miedo a ponerme de pie,
dolores que ahogo como puedo,
la supremacía siempre perdura en este minúsculo cuerpo pero las carreras son imposibles y por eso echo de menos el aire entrando por mis fosas nasales,
mis ojos bañados de lágrimas que ruedan por mis mejillas heladas y contradictoriamente sudo a mares.
Echo de menos la crudeza de una cuesta que con ansias dejo atrás con plena alevosía de llegar a la recta que llena de vítores mi encuentro.
Echo de menos las bajadas en la que tengo que poner el freno sino me embalo y quizás en vez de correr ruedo chocando con el fundido poste de luz calle abajo.
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